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Evaluar a las empresas según su impacto climático: de la comparación a la acción

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El benchmarking de las huellas de carbono corporativas es uno de los temas más solicitados, y al mismo tiempo más malinterpretados, en la contabilidad de carbono. Las empresas calculan sus emisiones, reciben una cifra en toneladas de CO₂e y casi de inmediato formulan la misma pregunta: ¿es bueno o malo?

  1. Por qué el benchmarking aparece constantemente en la contabilidad de carbono

Una vez calculada la huella de carbono, la siguiente pregunta suele ser comparativa: ¿cómo nos situamos frente a otras empresas?

Esta cuestión surge en distintos contextos. A veces se trata de dar sentido a los resultados y entender si una huella es “alta” o “baja”. En otros casos, se relaciona con el posicionamiento, por ejemplo en la comunicación interna o externa. Con frecuencia, el benchmarking aparece incluso antes, cuando todavía no existe una huella completa, como una forma de estimar cómo es un perfil de emisiones “típico” y qué ámbitos o actividades serán probablemente relevantes.

Estas motivaciones son legítimas. Las huellas de carbono son cifras abstractas sin contexto, y la comparación es una forma natural de dotarlas de significado. El riesgo está en tratar el benchmarking como un ejercicio sencillo de referencia, cuando en realidad requiere decisiones metodológicas cuidadosas.

  1. Por qué los benchmarks importan más allá de cada empresa

El benchmarking no solo sirve para interpretar datos; también influye en el comportamiento. Numerosos estudios muestran que las organizaciones tienen más probabilidades de actuar en sostenibilidad cuando pueden compararse con pares similares.

Este llamado “efecto de pares” se observa en ámbitos como la inversión sostenible, la adopción tecnológica o la eficiencia energética. El mecanismo es constante: ver a organizaciones comparables actuar reduce la incertidumbre sobre lo que se espera y lo que es viable. La acción climática se percibe como algo normal, no excepcional.

En el contexto climático empresarial, los benchmarks ayudan a traducir objetivos abstractos en referencias socialmente compartidas. Influyen en el nivel de ambición percibido y en el esfuerzo considerado razonable. Esto hace que el benchmarking sea una herramienta potente, pero que debe utilizarse con responsabilidad.

  1. Qué hace que un benchmark sea útil

No todos los benchmarks aportan el mismo valor. En la práctica, cuatro condiciones determinan si un benchmark es útil o confuso.

La relevancia es el punto de partida. Las comparaciones solo tienen sentido cuando las empresas son suficientemente similares. Las diferencias sectoriales dominan los perfiles de emisiones, mientras que la geografía y el año de reporte también influyen debido a los mix energéticos y a las tendencias de descarbonización.

La escala y la normalización son desafíos inevitables. Las empresas grandes emiten más en términos absolutos, pero las emisiones no crecen de forma lineal con el tamaño. La facturación y los equivalentes a tiempo completo son métricas habituales de normalización, cada una con sus limitaciones. Una parte significativa de las diferencias entre empresas no se explica únicamente por la escala, lo que hace que el benchmarking siga siendo relevante.

Las distribuciones son más informativas que los promedios. Las huellas de carbono suelen presentar distribuciones sesgadas con colas largas. Los promedios ocultan esta realidad. Saber si una empresa se sitúa cerca de la mediana, entre las de menores emisiones o en el extremo superior aporta mucho más valor que un único valor de referencia.

La integridad de los datos, especialmente en Scope 3, es una limitación clave. Muchas empresas reportan datos parciales de Scope 3 o excluyen categorías. Comparar huellas incompletas con completas distorsiona los resultados. Los benchmarks deben, como mínimo, diferenciar claramente entre ambos casos.

En última instancia, un benchmark solo es útil si es accionable, es decir, si ayuda a identificar dónde una empresa difiere más de sus pares y dónde los esfuerzos de mitigación pueden tener mayor impacto.

  1. De la comparación a la priorización

Cuando se aplica correctamente, el benchmarking apoya la priorización en lugar del juicio. Al situar a una empresa dentro de distribuciones percentiles por scope, se puede identificar dónde las emisiones son relativamente altas o bajas frente a los pares.

Una empresa puede situarse cerca de la mediana en Scope 1, pero destacar en Scope 2 o Scope 3. Esto no explica por qué las emisiones son elevadas, pero proporciona una señal estructurada para orientar análisis adicionales y la planificación de medidas.

El benchmarking no sustituye a un análisis detallado y específico de cada empresa. No tiene en cuenta modelos de negocio, restricciones estratégicas ni decisiones de inversión pasadas. Lo que sí aporta es contexto: una forma de interpretar cifras y aprender de patrones observados en organizaciones comparables.

Para los consultores en sostenibilidad, el benchmarking no consiste en crear rankings, sino en respaldar decisiones informadas. Utilizado como herramienta de apoyo a la toma de decisiones y no como una tabla de clasificación, el benchmarking ayuda a las empresas a pasar de la comparación a la acción.


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